lunes, 19 de julio de 2010

 

 

Una madre suele creer a sus hijos porque son sus hijos y no por otro motivo. Es probable que se enorgullezca de sus logros, pero lo querrá tanto si obtienen muchos logros como si obtienen pocos. De hecho los quiere independientemente de lo que hagan, para bien o para mal. Las madres de los asesinos múltiples también quieren a sus hijos de forma incondicional, pero eso no significa que aprueben sus actos. Aunque las madres quieren a los hijos una forma un tanto distinta que a las hijas y por motivos psicológicos tienen más conflictos con las hijas que con los hijos la maternidad es, en cualquier caso es  una evidencia transformadora para  una mujer. Desde la perspectiva del bebé, la madre es todo el universo. Su amor es energía radiante que sustenta su mundo y permite su desarrollo normal. Los hijos que reciben el amor incondicional de la madre podrán recibirlo después del cosmos a medida que madura en y ampliar la esfera del ser a sustituir al mundo materno por el real, seguirán considerando que su madre es, en parte, el universo y, si las circunstancias lo permiten, encontrar un amor incondicional en la vacuidad y la inmensidad aparentemente impersonal del mundo. Al confiar en el mundo del mismo modo que confiaban en sus madres, atraen la benevolencia y la munificencia del mismo. Dicho de otro modo, se sienten a gusto en su pequeña esfera de recién nacidos fuera del vientre materno, una esfera tan extraña, compleja y, a veces, inquietante, tendrá más oportunidad de sentirse a gusto en las esferas cada vez más grandes de la existencia dicho de otro modo que nos sentimos aceptados, valorados y queridos es como ser objeto de ágape. También es un requisito previo para dar ágape. Incluso si se ha visto privado del amor materno, siempre quedará la posibilidad de recibir ágape del cosmos al "sintonizar" las frecuencias en las que siempre se transmite. No necesita ojos para ver la luz divina ni oídos para escuchar la música divina. Y no necesita una madre para sentir el amor divino. Uno de los motivos por el que las esposas suelen exigir amor incondicional a los maridos, así como constante apoyo emocional, es que ellas hacen lo propio incesantemente con los hijos. Al igual que el agua de pozo se repone con cierta frecuencia y la energía de una pila se recarga con cierta frecuencia, la capacidad para el amor incondicional de la mujer necesita renovarse con  cierta frecuencia. No basta con que el hombre mantenga la familia y proteja a la mujer que da a luz a sus hijos, por muy bien que lo haga. Si bien esto es necesario, y aunque los maridos suelen pensar que mantener a la familia de proteger a las mujeres basta para demostrar que las aman, no es suficiente desde el punto de vista de la mujer muchas mujeres no valoran la protección y la manutención del marido (algo que irrita los hombres), pero pocas mujeres dejaran de valorar sus declaraciones de amor de hecho la mayoría de las mujeres prefieren tener menos beneficios materiales y más amor. Sólo en el caso del divorcio, cuando la comunicación se ha vuelto difícil o imposible las mujeres se preocupan más por los aspectos materiales que por las emociones apasionadas. Sin el amor incondicional del hombre, a una mujer le cuesta mucho querer a sus hijos de manera incondicional. De ahí que ambos padres sean necesarios.

No es necesario decir que cualquier "norma" sobre el comportamiento humano tiene excepciones. Algunas mujeres se parece más a los hombres en el sentido de que está más centradas en su trayectoria profesional o en las concesiones materiales que en los hijos y la familia.  En la actualidad, muchas mujeres hacen malabarismos para compatibilizar el trabajo y la maternidad, y esto plantea otra clase de problemas. Normalmente, tanto el trabajo como los hijos se resiente, aunque es posible que todo salga bien: es una cuestión de organización y sincronización


Tags: amor maternal, amor incondicional

Publicado por xosef12 @ 19:38
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